De Lumberg a Bremen

Quién nos iba a decir que cuando decidimos hacer la parada ya definitiva del día; Lumberg, se celebraría el Flohmarkt, el mercado de pulgas (mercadillo de segunda mano) anual más grande de Alemania. 
Ni un solo hotel, ni pensión, ni gasthaus, en toda la ciudad ni alrededores. El camping todavía no lo estrenamos, porque con el tiempo tan maravilloso que tenemos por aquí, muy típico de estas tierras, amanecer con pulmonía no nos hace gracia.

Finalmente nos rendimos y fuimos a parar a un hotelito encantador y muy turístico en Nassau, por supuesto a precio de oro, y donde el comedor había sido asaltado por una centena de turistas germanos que no tenían miedo a dislocarse las caderas a ritmo de la versión alemana de “Paquito el Chocolatero”.
Mucho les gusta la juerga a esta gente.

A la mañana siguiente ponemos rumbo a Bremen y sorpresa!, la lluvia vuelve a aparecer.




Como George ya conocía la ciudad, ahora le tocaba a él hacer de guía.


Después de un breve paseo hasta la Marktplatz, la vista me recuerda algo a Gante; calles anchas, adoquinadas por donde pasan los tranvías y siguiendo la línea de los raíles, levantar la vista y encontrarse con tres hermosas edificaciones; la iglesia, el ayuntamiento y la catedral. 

Lo primero que veo es la iglesia y casi desapercibido, en un lateral ya veo la escultura que conmemora el famoso cuento de los hermanos Grim “Los músicos de Bremen”.
Dicen que trae buena suerte tocar las patas del burro, y eso hicimos.


 Inspeccionando cada rincón de la plaza, cada edificio, cada inscripción, no puedo evitar centrar mi atención en un estrecho callejón en el cual una placa dorada con un relieve parece vigilar a todos los que pasan. Es la calle Böttcherstrasse, toda una obra de arte de 110 metros de largo y construída en los años 20. Restaurantes, museos, talleres de dulces y chocolates y arte, arte por todos lados. Sin duda un rincón muy curioso de esta ciudad que sorprende a cada paso.


Unas calles más hacia el este y siguiendo fácilmente las indicaciones llegamos al barrio de Schnoor, el más antiguo de Bremen y en cuyas calles estrechas, a veces muy muy estrechas, parece que se apiñan estas casitas de los siglos XV y XVI. Bien aprovechada, hoy esta zona está repleta de restaurantes y tiendas de souvenirs y lo cierto es que es un placer especial pasear por estas calles y degustar una buena cerveza.



Si nos centramos en la Marktplatz (todas las ciudades tienen una; la plaza del mercado), la Iglesia de Nuestra Señora, data del siglo XI nada menos y es la más antigua de Bremen.

El ayuntamiento, que fue edificado entre 1405 y 1410, que se dice pronto.
Y la catedral de St.Petri, evangélica-luterana tiene ya más de 1200 años de antigüedad.


Creo que con todo esto, nos podemos hacer una idea de la grandeza histórica de esta ciudad, “ciudad hanseática” como dicen ellos con mucho orgullo.
En medio de la plaza, frente al ayuntamiento vemos una gran estatua. Se trata de Roland de Bremen,  declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO, simboliza el derecho y la libertad desde 1404. Según cuenta la leyenda, la ciudad de Bremen será libre e independiente mientras la estatua de Rolando permanezca en pie. Por ese motivo, en los sótanos del ayuntamiento hay una copia exacta que puede ser rápidamente puesta en caso de que la actual se caiga. Otro dato curioso es que cuando Napoleón ocupó esta zona, se la quería llevar como trofeo al Louvre, pero los ciudadanos de Bremen lo persuadieron diciéndole que tenía muy poco valor artístico.

Un paseo por uno de los muchos parques de la ciudad, pone fin a nuestra visita a la ciudad. 


Para que os hagais una idea de lo que aquí significan las bicicletas; todas las calles (que por cierto son adoquinadas, todas, todas), tienen su propio carril para bicicletas, y éstas tienen preferencia siempre. Si te interpones en su camino no les gusta demasiado, hay aparcamientos para bicicletas en todas las esquinas y éste es el cómodo método para subir y bajar bicicletas por las escaleras, tú subes por los escalones y las ruedas van por esta especie de carril.
Sigo diciendo que tenemos que aprender muchas cosas.

En definitiva, Bremen tiene muchos encantos como para dedicarle tranquilamente unos días. Nosotros nos vamos satisfechos y contentos de habernos alegrado la vista y el paladar ¡!!


Y de comer,.............. síiiiiii. Bradwurst, mmmmm, qué buenas.


A los alemanes también les gusta el chorizooooooh !!!


Comentarios

  1. ¿Estaban as uvas maduras?
    De traballar na feira das tapas, nada. Cambiamos cartos por mercadoría.
    Podedes traer unha pouquiña auga da que estades topando para aqui, leva sin chover ..... tíñades moito medo.
    Pasadeo ben e sentidiño,bicos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Moito moito non estaban, pero o viño disque é bo. Poidestes mandar unhas tapas desas que ó teu fillo estáselle a poñer cara de salchicha. O tempo por aquí vai tolo, igual chove coma en inverno ou cando fai sol, non se aguanta do calor.

      Eliminar

Publicar un comentario