Más ciudades Hanseáticas
A pesar de no ser una ciudad muy conocida, tenía ganas de venir a Stade. Cuando tenía 17 años, nuestra ciudad hizo un hermanamiento con esta ciudad alemana y durante dos semanas, dos chicas de Stade convivieron conmigo y con mi familia. Recuerdo aquellos días con mucho cariño, entre todos los chicos y chicas del grupo llegamos a formar una piña muy importante, y todavía recuerdo las lágrimas de despedida en el aeropuerto y las cartas que durante meses nos escribimos. Luego, como suele pasar, el tiempo nos fue distanciando, pero hoy me siento feliz de poder pisar esta ciudad de las que un día fueron mis "hermanas".
Seguimos camino hacia el este y todavía más al norte donde Lübeck, una de las ciudades más poderosas de Europa en la Edad Media, sigue sorprendiendo con esa arquitectura gótica de ladrillo típica de las ciudades del norte.
El símbolo de la ciudad es el Holstentor, una gran puerta contruída en 1464.
A su lado están los Saltzpeicher, los seis edificios que se usaban para almacenar la sal, que se cambiaba por pieles de Escandinavia y se usaba para conservar los arenques, un elemento básico del comercio hanseático.
La Herz-Jesu Kirche es una iglesia especial, pues aquí se rinde memoria a los cuatro clérigos que fueron ejecutados por oponerse al régimen nazi.
El ayuntamiento de Lübeck, data de los siglos XIII-XV y está considerado como uno de los más bonitos de Alemania.
Más al noreste, llegamos a Wismar, ciudad que vivió gran parte de los siglos XVI y XVII como parte de Suecia. Y su zona antigua fue declarada Patrimonio Mundial en 2002.
Allí nos encontramos con un mercadillo local, que tenía tantos puestos de comida como del propio mercadillo en sí. No nos fue nada fácil decidirnos por uno en concreto, y eso que todos prácticamente ofrecían el mismo tipo de comida; salchicha Bradwurst al estilo del norte y como no la Currywurst (salchicha al curry), que George piensa catar sí o sí.
Por un módico precio estamos comidos y lo mejor de todo, por fin encontramos una lavandería self-service (aquí como en España, es normal tener lavadora en casa), y mañana podremos ponernos algo de ropa limpia, que nunca viene mal.
Seguimos camino hacia el este y todavía más al norte donde Lübeck, una de las ciudades más poderosas de Europa en la Edad Media, sigue sorprendiendo con esa arquitectura gótica de ladrillo típica de las ciudades del norte.
El símbolo de la ciudad es el Holstentor, una gran puerta contruída en 1464.
A su lado están los Saltzpeicher, los seis edificios que se usaban para almacenar la sal, que se cambiaba por pieles de Escandinavia y se usaba para conservar los arenques, un elemento básico del comercio hanseático.
La Herz-Jesu Kirche es una iglesia especial, pues aquí se rinde memoria a los cuatro clérigos que fueron ejecutados por oponerse al régimen nazi.
El ayuntamiento de Lübeck, data de los siglos XIII-XV y está considerado como uno de los más bonitos de Alemania.
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| Una de las calles principales de Lübeck |
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| la moda de los candados está por todas partes |
Más al noreste, llegamos a Wismar, ciudad que vivió gran parte de los siglos XVI y XVII como parte de Suecia. Y su zona antigua fue declarada Patrimonio Mundial en 2002.
Allí nos encontramos con un mercadillo local, que tenía tantos puestos de comida como del propio mercadillo en sí. No nos fue nada fácil decidirnos por uno en concreto, y eso que todos prácticamente ofrecían el mismo tipo de comida; salchicha Bradwurst al estilo del norte y como no la Currywurst (salchicha al curry), que George piensa catar sí o sí.
Por un módico precio estamos comidos y lo mejor de todo, por fin encontramos una lavandería self-service (aquí como en España, es normal tener lavadora en casa), y mañana podremos ponernos algo de ropa limpia, que nunca viene mal.
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| Tela con el nombrecito de la tienda |













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