Qué negra es la Selva Negra
Aterrizamos en Basel y recogemos nuestro coche de alquiler, un Opel Corsa, buen maletero, negro, techo solar que se abre, deportivo total..... pinta bien.
Primer olvido; el soporte del gps. Pues anda que vaya gracia tener que estar todo el rato sujetandole el cacharrito.
Segunda pega: el coche deportivo total?, pero si cuando llego a los 100, ya estoy en 4000 revoluciones!!!, alaaaa, que nos adelantan todos. Deportivo de pega. Vaya, vaya.
Nos ponemos en marcha, a dónde vamos?, tira hacia Totdnau, haber qué hay. La ruta más corta me indica autopistas de pago, mmmm, y me lleva por Suiza???, nooo, quita, quita. Vamos mejor por Francia, y no pagamos peajes.
A los diez minutos de cruzar la frontera Alemana, comienza a llover. "Una nube, pronto pasará".
Ya, una nube, y otra y veinte más. Y el cielo se volvió gris y caían chuzos de punta. Descartamos nuestra primera parada, una excursión en telesilla, como que no.
Ponemos rumbo a Sankt Blassien, un pueblecito encantador, aunque lo cierto es que a pesar de la lluvia, el paisaje es precioso, mágico y quizás con la lluvia tiene un encanto especial. Unos árboles altísimos, frondosos, ahora entiendo lo de "Selva Negra".
Allí nos llama la atención una espectacular cúpula de lo que parece ser una iglesia o catedral, la cual sorprende por su tamaño en un pueblecito tan sencillo.
Calles llenas de turistas alemanes, gente tallando enormes troncos de madera, cada uno con un puestecito donde terminará haciendo una escultura. Luego comprobaríamos que por toda esta zona de la Selva Negra, la madera tiene una especial importancia. Todo tipo de artículos tallados y de souvenirs en madera son muy típicos.
Tenemos hambre, son las cuatro de la tarde, pero la mayoría de los restaurantes están cerrados. Entramos en un bar de pueblo con la esperanza de poder probar nuestra primera salchica, pero oh, decepción, no tienen. Pedimos algo llamado Rösti, que viene a ser patatas cortadas en tiras, jamón cocido, queso y quizás nata o huevo, todo al horno. Vamos, que empezamos suavecito,..... como no, acompañado de una cerveza. Para ponernos a tono con el tiempo.
Me fijo en el bar y veo que hay una especie de reservado, como los que derivan en las puertas de los servicios, pero lo que allí había era otra cosa; máquinas tragaperras, no llegaban al suelo, sino que estaban como colgadas de la pared y tampoco hacían ruído. De hecho la gente que entraba allí, venía directamente de la calle y parecían agacharse o esconderse, como si el juego fuera algo no muy bien visto.
Un poco desanimados por la lluvia, seguimos hasta Triberg, pasando por los lagos Schlussee y Titisee. Esto con buen tiempo tiene una pinta fantástica, es una pena no poder ni bajar del coche, porque el diluvio es interesante.
Ya en Triberg, donde el tema principal son los relojes de cuco, me esperaba quizás algo más rústico, más de pueblo y menos de ciudad. Hoteles, tiendas de souvenirs, que a las seis de la tarde ya están cerrados a cal y canto, parecen vivir holgadamente del tema "reloj de cuco". No tiene el encanto que esperaba y visto como se cotizan por aquí los alojamientos, decidimos probar a las afueras, donde los precios bajan considerablemente.
En Hornberg encontramos por fin un alojamiento, con wifi, aunque unicamente durante la cena en su restaurante "familiar".
La cena vuelve a ser otro plato "a reventar", y como bien nos dice la propietaria, en los restaurantes familiares es muy típico poner grandes raciones y comidas contundentes.
Dejamos más de medio plato, además porque también hay que decir que aquí la gente cena a las 8 de la tarde y como que hace menos de 4 horas que acabé de comer!!
Terminamos nuestro primer día, esperando que mañana el tiempo nos de un respiro y nos deje al menos, salir a dar una caminata. Por el momento, las vistas que tenemos desde la sencillita habitación de esta Gasthaus familiar, son espectaculares.
Hasta mañana !!!
Primer olvido; el soporte del gps. Pues anda que vaya gracia tener que estar todo el rato sujetandole el cacharrito.
Segunda pega: el coche deportivo total?, pero si cuando llego a los 100, ya estoy en 4000 revoluciones!!!, alaaaa, que nos adelantan todos. Deportivo de pega. Vaya, vaya.
Nos ponemos en marcha, a dónde vamos?, tira hacia Totdnau, haber qué hay. La ruta más corta me indica autopistas de pago, mmmm, y me lleva por Suiza???, nooo, quita, quita. Vamos mejor por Francia, y no pagamos peajes.
A los diez minutos de cruzar la frontera Alemana, comienza a llover. "Una nube, pronto pasará".
Ya, una nube, y otra y veinte más. Y el cielo se volvió gris y caían chuzos de punta. Descartamos nuestra primera parada, una excursión en telesilla, como que no.
Ponemos rumbo a Sankt Blassien, un pueblecito encantador, aunque lo cierto es que a pesar de la lluvia, el paisaje es precioso, mágico y quizás con la lluvia tiene un encanto especial. Unos árboles altísimos, frondosos, ahora entiendo lo de "Selva Negra".
Allí nos llama la atención una espectacular cúpula de lo que parece ser una iglesia o catedral, la cual sorprende por su tamaño en un pueblecito tan sencillo.
Calles llenas de turistas alemanes, gente tallando enormes troncos de madera, cada uno con un puestecito donde terminará haciendo una escultura. Luego comprobaríamos que por toda esta zona de la Selva Negra, la madera tiene una especial importancia. Todo tipo de artículos tallados y de souvenirs en madera son muy típicos.
Tenemos hambre, son las cuatro de la tarde, pero la mayoría de los restaurantes están cerrados. Entramos en un bar de pueblo con la esperanza de poder probar nuestra primera salchica, pero oh, decepción, no tienen. Pedimos algo llamado Rösti, que viene a ser patatas cortadas en tiras, jamón cocido, queso y quizás nata o huevo, todo al horno. Vamos, que empezamos suavecito,..... como no, acompañado de una cerveza. Para ponernos a tono con el tiempo.
| George comiendo Rösti |
Un poco desanimados por la lluvia, seguimos hasta Triberg, pasando por los lagos Schlussee y Titisee. Esto con buen tiempo tiene una pinta fantástica, es una pena no poder ni bajar del coche, porque el diluvio es interesante.
| El diluvio tuvo sus cosas buenas, estas vistas |
Ya en Triberg, donde el tema principal son los relojes de cuco, me esperaba quizás algo más rústico, más de pueblo y menos de ciudad. Hoteles, tiendas de souvenirs, que a las seis de la tarde ya están cerrados a cal y canto, parecen vivir holgadamente del tema "reloj de cuco". No tiene el encanto que esperaba y visto como se cotizan por aquí los alojamientos, decidimos probar a las afueras, donde los precios bajan considerablemente.
| tienda de relojes de cuco en Triberg |
| enoooome reloj de cuco |
En Hornberg encontramos por fin un alojamiento, con wifi, aunque unicamente durante la cena en su restaurante "familiar".
La cena vuelve a ser otro plato "a reventar", y como bien nos dice la propietaria, en los restaurantes familiares es muy típico poner grandes raciones y comidas contundentes.
Dejamos más de medio plato, además porque también hay que decir que aquí la gente cena a las 8 de la tarde y como que hace menos de 4 horas que acabé de comer!!
Terminamos nuestro primer día, esperando que mañana el tiempo nos de un respiro y nos deje al menos, salir a dar una caminata. Por el momento, las vistas que tenemos desde la sencillita habitación de esta Gasthaus familiar, son espectaculares.
| Casa forrada de paneles solares, la mayoría son así |
| Aun con lluvia las vistas son alucinantes |
| Carretera de la Selva Negra |
Hasta mañana !!!
![]() |
| las vistas desde la habitación son muy chulas |

Ya veo que empezais con buen pie.Cuidado con esas comidas que luego...Besos.
ResponderEliminarESTOY MAS TRANQUILA,NO DORMISTEIS EN EL CAMPO,PASARLO BIEN UN ABRAZO
EliminarHola, me ha encantado tu relato. Yo voy a hacer un viaje muy parecido en marzo de este año y también alquilo un coche en la parte francesa del aeropuerto de Base-Mulhouse, por eso me gustaría saber si tu coche tenía la pegatina verde que exigen para viajar a Alemania, es que no tengo forma de saberlo y dado que tu caso es similar.
ResponderEliminarSaludos