Dous by the way: llegada a O Cebreiro
Qué nervios. Creo que la mochila está lista, y no pesa demasiado, aunque esto lo juzgaré dentro de unos días. Seguro que me falta algo y seguro seguro que me sobran muchas cosas, o no. Buff, da igual; ya estamos de camino.
Son las seis y media de la tarde cuando el autobús nos deja en Pedrafita do Cebreiro, que no hay que confundir con O Cebreiro, punto clave del camino de Santiago ya que es la entrada en Galicia del Camino y una etapa muy importante para los Peregrinos.
Hasta allí tenemos que ir andando, o coger un taxi. Como peregrinos que somos, lo de coger un taxi, me parecía que no pegaba, osea que andandito.
Según el maravilloso Google Maps (cuando quiere), atravesando por un camino por el monte, nos ahorrábamos más de un kilómetro con respecto a la carretera y le hicimos caso.
Esa fue nuestra primera toma de contacto con el "camino", porque vaya comienzo; unas cuestas en pleno monte como para echar a correr y sobretodo con diez kilos a la espalda.
Una hora más tarde llegamos a O Cebreiro y vamos directos al albergue para que nos expliquen cómo funciona esto. Nos dicen que tenemos que recoger en la iglesia, las credenciales que nos acreditan como Peregrinos y que sin eso no nos darán alojamiento.
Hacemos caso y vamos hasta la mística iglesia de O Cebreiro donde por un precio de 1,50€ nos dan nuestra credencial, con espacio para poner nuestros datos y unas casillas que deberemos sellar en cada sitio por donde pasemos.
El primer sello nos lo ponen allí mismo en la iglesia y luego también nos los sellan en el albergue. Este albergue de O Cebreiro es de los denominados "municipales", y son propiedad de la Xunta de Galicia. Cobran un precio de 5€ la noche, pero me consta que a partir de mayo serán 6€ y los servicios que dan a cambio son; una litera (ya te buscas tú la vida arriba o abajo), ducha caliente (cuando queda), una sábana bajera y una funda de almohada ambas de usar y tirar (hay que llevar saco si no quieres dormir así a pelo), cocina (sin menaje ni alimentos) y una sala de estar.
Aquí en O Cebreiro el albergue es bastante moderno y por eso quizás nos ponen a más de 70 personas en una sola habitación. Nos costó encontrar dos literas vacías que estuviesen juntas, pero cuando me disponía a poner mi sábana una chica se ofreció a cambiarnos para poder estar juntos en dos literas que estaban montadas una junto a la otra.
No sé si he dicho que la habitación estaba casi al completo, y aunque fuera de las habitaciones hay unas estanterías donde dejar las botas y el calzado; es mucha la gente que lo deja dentro de la habitación o que no se ducha y lo hace a la mañana siguiente, con lo que el olor a humanidad que se respiraba allí dentro, era algo mágico. Quise pensar que eso también formaba parte de la magia del camino y me lo tomé con bastante humor. Además después, los ronquidos amenizaron bastante la noche y decidí estrenar mis tapones para los oídos. Allí fué donde ví por primera vez al "Gran Danés", oí sus ronquidos, y noté que sus pies cantaban por seguidillas.
Por supuesto antes de acostarnos, aún con tiempo, ya que el albergue cierra a las 10 de la noche y se supone que a esa hora ya todos debemos estar acostados, nos vamos a cenar algo a una taberna local. Un vino de la casa con un poco de queso con miel.
Son las seis y media de la tarde cuando el autobús nos deja en Pedrafita do Cebreiro, que no hay que confundir con O Cebreiro, punto clave del camino de Santiago ya que es la entrada en Galicia del Camino y una etapa muy importante para los Peregrinos.
Hasta allí tenemos que ir andando, o coger un taxi. Como peregrinos que somos, lo de coger un taxi, me parecía que no pegaba, osea que andandito.
Según el maravilloso Google Maps (cuando quiere), atravesando por un camino por el monte, nos ahorrábamos más de un kilómetro con respecto a la carretera y le hicimos caso.
Esa fue nuestra primera toma de contacto con el "camino", porque vaya comienzo; unas cuestas en pleno monte como para echar a correr y sobretodo con diez kilos a la espalda.
Una hora más tarde llegamos a O Cebreiro y vamos directos al albergue para que nos expliquen cómo funciona esto. Nos dicen que tenemos que recoger en la iglesia, las credenciales que nos acreditan como Peregrinos y que sin eso no nos darán alojamiento.
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| Llegada a O Cebreiro |
Hacemos caso y vamos hasta la mística iglesia de O Cebreiro donde por un precio de 1,50€ nos dan nuestra credencial, con espacio para poner nuestros datos y unas casillas que deberemos sellar en cada sitio por donde pasemos.
El primer sello nos lo ponen allí mismo en la iglesia y luego también nos los sellan en el albergue. Este albergue de O Cebreiro es de los denominados "municipales", y son propiedad de la Xunta de Galicia. Cobran un precio de 5€ la noche, pero me consta que a partir de mayo serán 6€ y los servicios que dan a cambio son; una litera (ya te buscas tú la vida arriba o abajo), ducha caliente (cuando queda), una sábana bajera y una funda de almohada ambas de usar y tirar (hay que llevar saco si no quieres dormir así a pelo), cocina (sin menaje ni alimentos) y una sala de estar.
Aquí en O Cebreiro el albergue es bastante moderno y por eso quizás nos ponen a más de 70 personas en una sola habitación. Nos costó encontrar dos literas vacías que estuviesen juntas, pero cuando me disponía a poner mi sábana una chica se ofreció a cambiarnos para poder estar juntos en dos literas que estaban montadas una junto a la otra.
No sé si he dicho que la habitación estaba casi al completo, y aunque fuera de las habitaciones hay unas estanterías donde dejar las botas y el calzado; es mucha la gente que lo deja dentro de la habitación o que no se ducha y lo hace a la mañana siguiente, con lo que el olor a humanidad que se respiraba allí dentro, era algo mágico. Quise pensar que eso también formaba parte de la magia del camino y me lo tomé con bastante humor. Además después, los ronquidos amenizaron bastante la noche y decidí estrenar mis tapones para los oídos. Allí fué donde ví por primera vez al "Gran Danés", oí sus ronquidos, y noté que sus pies cantaban por seguidillas.
Por supuesto antes de acostarnos, aún con tiempo, ya que el albergue cierra a las 10 de la noche y se supone que a esa hora ya todos debemos estar acostados, nos vamos a cenar algo a una taberna local. Un vino de la casa con un poco de queso con miel.
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| Queso con miel y un vino casero |


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