Dous by the way: 1ª etapa O Cebreiro - Triacastela
Después de toda la noche despiertos, no sé si por la emoción del Camino o por el concierto ronqueril, son las 7 de la mañana cuando alguien enciende la luz de la habitación y veo que casi la mitad ya se han marchado.
Recogemos nuestros sacos (esto requiere por cierto una dosis de habilidad, para la cual es bueno haber practicado antes en casa), y salimos con una niebla tan espesa que no se ve nada a dos pasos, hay como una pequeñísima llovizna que va calando y el frío es considerable. Buena manera de empezar, parece como si el Camino nos estuviese diciendo "cuidado conmigo, no penséis que os lo voy a poner fácil".
Nos vamos a desayunar al pueblo cuando aún no son las ocho y nos llevamos una decepción al ver a la primera de cambio, que el negocio es el negocio, pero cuando aún por encima de pegarme una clavada de 3 euros por un café y UNA tostada, eres más borde que un bocadillo de chinchetas, no tienes perdón de Dios.
Echamos a andar (bonita expresión del idioma "castrapo"), la niebla es muy espesa y cala bastante, pero vamos protegidos. Cruzamos un largo tramo de monte y luego bajamos hacia Liñares que básicamente nos pasó desapercibida porque solo vimos dos casas y una iglesia. Supongo que la niebla tuvo algo que ver.
Después subimos un poco hasta Hospital da Condesa y la gran subida es en Alto do Poio, donde justo cuando vas a echar los hígados por la subida, comienzas a ver algo que pone "desayunos-bocadillos", madre del amor hermoso, ni hecho aposta. Por supuesto paramos, ya que nos merecíamos un café calentito. Bueno George eso y una chocolatina.
De ahí pasamos por Fonfría esquivando bostas, un pueblo fantasma a esas horas, la niebla todavía era espesa, las casas de piedra centenaria y tejados de pizarra parecían abandonadas y de repente de una esquina aparece una señora de unos cien años, bajita, agachada por la edad y descubre un plato al tiempo que nos dice "chavales, queréis unos crepes?" amablemente contestamos que no, pero reconozco que pasé miedo, quizás fue la escena en su contexto; la niebla, el frío, lo desangelado del lugar,..... luego supuse que seguramente aquella amable mujer parecida a la abuela de la fabada, solo quería hacernos más llevadera la jornada.
En un nada, llegamos a Viduedo y contando ya que solo nos quedaban 4km para Triacastela, estábamos animados y contentos por haber superado tan bien esta jornada.
Bajamos, bajamos, bordeamos una ladera, seguimos bajando, un albergue privado y un bar, bajamos, seguirmos, nada, nada, nada..... los 4km se convirtieron en casi 10 y a punto de hacernos daño en los pies y sobretodo yo en las piernas con tanta bajada.
Llegamos a Triacastela y fuimos directamente al albergue, este muy chulo, y en un entorno inmejorable. Allí el señor que nos recibió nos dijo que habíamos dado mucha vuelta y que seguramente habíamos hecho kilómetros de más. "No puede ser, seguirmos las flechas amarillas", le contestamos nosotros.
Más tarde descubrimos que el camino nunca había ido por ahí, pero lo habían hecho así para que coincidiera con algún albergue privado. Vamos, el toque español.
Después de un masaje reconfortante (el que me dí yo misma of course), nos vamos a comer que ya son las tres y media de la tarde.
El albergue es perfecto, pequeño y con habitaciones de cuatro literas, con lo que se gana en intimidad y el entorno es maravilloso.
Desde O Cebreiro, volvemos a coincidir con la misma gente que la noche anterior y a la que por el camino nos íbamos cruzando constantemente. Varios italianos ya mayorcitos, unos andaluces de Huelva, japonesas, el gran danés y dos chicas de Almería que serán nuestras compañeras de cuarto esta noche.
Recogemos nuestros sacos (esto requiere por cierto una dosis de habilidad, para la cual es bueno haber practicado antes en casa), y salimos con una niebla tan espesa que no se ve nada a dos pasos, hay como una pequeñísima llovizna que va calando y el frío es considerable. Buena manera de empezar, parece como si el Camino nos estuviese diciendo "cuidado conmigo, no penséis que os lo voy a poner fácil".
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| Niebla y llovizna en O Cebreiro |
Nos vamos a desayunar al pueblo cuando aún no son las ocho y nos llevamos una decepción al ver a la primera de cambio, que el negocio es el negocio, pero cuando aún por encima de pegarme una clavada de 3 euros por un café y UNA tostada, eres más borde que un bocadillo de chinchetas, no tienes perdón de Dios.
Echamos a andar (bonita expresión del idioma "castrapo"), la niebla es muy espesa y cala bastante, pero vamos protegidos. Cruzamos un largo tramo de monte y luego bajamos hacia Liñares que básicamente nos pasó desapercibida porque solo vimos dos casas y una iglesia. Supongo que la niebla tuvo algo que ver.
Después subimos un poco hasta Hospital da Condesa y la gran subida es en Alto do Poio, donde justo cuando vas a echar los hígados por la subida, comienzas a ver algo que pone "desayunos-bocadillos", madre del amor hermoso, ni hecho aposta. Por supuesto paramos, ya que nos merecíamos un café calentito. Bueno George eso y una chocolatina.
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| A punto de llegar al "Alto do Poio" |
De ahí pasamos por Fonfría esquivando bostas, un pueblo fantasma a esas horas, la niebla todavía era espesa, las casas de piedra centenaria y tejados de pizarra parecían abandonadas y de repente de una esquina aparece una señora de unos cien años, bajita, agachada por la edad y descubre un plato al tiempo que nos dice "chavales, queréis unos crepes?" amablemente contestamos que no, pero reconozco que pasé miedo, quizás fue la escena en su contexto; la niebla, el frío, lo desangelado del lugar,..... luego supuse que seguramente aquella amable mujer parecida a la abuela de la fabada, solo quería hacernos más llevadera la jornada.
En un nada, llegamos a Viduedo y contando ya que solo nos quedaban 4km para Triacastela, estábamos animados y contentos por haber superado tan bien esta jornada.
Bajamos, bajamos, bordeamos una ladera, seguimos bajando, un albergue privado y un bar, bajamos, seguirmos, nada, nada, nada..... los 4km se convirtieron en casi 10 y a punto de hacernos daño en los pies y sobretodo yo en las piernas con tanta bajada.
Llegamos a Triacastela y fuimos directamente al albergue, este muy chulo, y en un entorno inmejorable. Allí el señor que nos recibió nos dijo que habíamos dado mucha vuelta y que seguramente habíamos hecho kilómetros de más. "No puede ser, seguirmos las flechas amarillas", le contestamos nosotros.
Más tarde descubrimos que el camino nunca había ido por ahí, pero lo habían hecho así para que coincidiera con algún albergue privado. Vamos, el toque español.
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| Albergue de Triacastela |
Después de un masaje reconfortante (el que me dí yo misma of course), nos vamos a comer que ya son las tres y media de la tarde.
El albergue es perfecto, pequeño y con habitaciones de cuatro literas, con lo que se gana en intimidad y el entorno es maravilloso.
Desde O Cebreiro, volvemos a coincidir con la misma gente que la noche anterior y a la que por el camino nos íbamos cruzando constantemente. Varios italianos ya mayorcitos, unos andaluces de Huelva, japonesas, el gran danés y dos chicas de Almería que serán nuestras compañeras de cuarto esta noche.






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