Un paseo en barco por ..... Dragonera
El día empezó nublado, "buff, vaya día para ir en barco, sólo falta que llueva", ...... novatos.
En media hora se despejó todo y en cubierta un sol abrasador avanzaba que el día iba a dar mucho de sí.
Desde el muelle de Santa Ponça el barco nos llevó dando un rodeo por la costa, en una cala donde es imposible llegar en coche o andando, nos paramos y ante unas aguas de un color azul súper chulo, zas! chapuzón!!
Ah, sí !!!!, lo más importante del día, a lo que veníamos...... visitar la isla de Dragonera.
Sa Dragonera (como manda el idioma local), es un pequeño islote de casi 3 kilómetros cuadrados, al oeste de Mallorca. Actualmente es un Parque Natural y para poner pie en ella es necesario pagar un canon de un euro.
Allí paseamos durante un rato, no demasiado debido al calor y sobretodo al cansancio (no veas cómo cansa esto de ir de chapuzón en chapuzón), pero sí un ratillo para poder disfrutar de buenas vistas y dar buena fe de que el nombre de la isla hace honor a sus pequeños habitantes, que parecían multiplicarse a nuestro paso y que no muestran ningún miedo ante nuestra presencia; es más, a George le dieron un susto de muerte cuando se quedó quieto un instante y una intentó subírsele pierna arriba.
En media hora se despejó todo y en cubierta un sol abrasador avanzaba que el día iba a dar mucho de sí.
Desde el muelle de Santa Ponça el barco nos llevó dando un rodeo por la costa, en una cala donde es imposible llegar en coche o andando, nos paramos y ante unas aguas de un color azul súper chulo, zas! chapuzón!!
| Los colores del agua son impresionantes |
Y un ratillo más tarde, a comer. Una ensalada de pasta fresquita en cubierta, después de un bañito relajante y fresquito. Se puede pedir algo más?
Ah, sí !!!!, lo más importante del día, a lo que veníamos...... visitar la isla de Dragonera.
Sa Dragonera (como manda el idioma local), es un pequeño islote de casi 3 kilómetros cuadrados, al oeste de Mallorca. Actualmente es un Parque Natural y para poner pie en ella es necesario pagar un canon de un euro.
| Vistas desde Dragonera |
Allí paseamos durante un rato, no demasiado debido al calor y sobretodo al cansancio (no veas cómo cansa esto de ir de chapuzón en chapuzón), pero sí un ratillo para poder disfrutar de buenas vistas y dar buena fe de que el nombre de la isla hace honor a sus pequeños habitantes, que parecían multiplicarse a nuestro paso y que no muestran ningún miedo ante nuestra presencia; es más, a George le dieron un susto de muerte cuando se quedó quieto un instante y una intentó subírsele pierna arriba.
| Pequeños habitantes |
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